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Bagua en el corazón

Por Antonio Zapata



La zona de Bagua, donde han ocurrido los luctuosos acontecimientos de la semana pasada, es parte de una geografía muy especial. Corresponde al área de influencia del poderoso río Marañón, que corre por una depresión natural de la cordillera. En esta zona se reduce notablemente la altura y el ancho de las montañas andinas. Por lo tanto, registra una profunda penetración de la selva amazónica hacia occidente, en dirección al océano Pacífico. Se trata de la región peruana donde la selva está más presente en la sierra y en la costa.



Esa depresión de la cordillera es conocida como la hoya de Jaén y fue arduamente disputada por el Ecuador, que reclamaba para sí, “Tumbes, Jaén y Maynas”. Esa hoya es un receptáculo de innumerables ríos, provenientes de las serranías peruanas y ecuatorianas, que suman sus aguas desde direcciones opuestas con el Marañón. Este asimila fuerzas y a través de una serie de pongos rompe la cordillera para descender a la llanura amazónica.



Por consiguiente, en la historia peruana la hoya de Jaén ha sido habitada por grupos humanos que establecieron un contacto entre la selva amazónica y el mundo andino. Siempre fue tierra de encuentros y se hablaban múltiples lenguas. Era un puerto interior. Acudían diversos grupos de selváticos que cambiaban sus productos por los provenientes de otras ecologías.



Estos afluentes del Alto Marañón eran habitados por grupos de origen jíbaro. Ellos estaban en la región desde los orígenes. Habitaban la selva y bajaban hasta la costa. Fueron desplazados del litoral piurano por el avance de los mochicas y los vicús. Posteriormente perdieron control de la sierra ante los quechuas y se encerraron en la región Amazonas, donde formaron los grupos contemporáneos de aguarunas o awajún. Se hallan en esta región desde tiempos inmemoriales y son obviamente los habitantes originarios.



Los amazónicos de esta región se hallan lejos de la imagen del buen salvaje. Por el contrario, son herederos de esa tradición de contacto a la que nos hemos referido. Cazan, pescan y beben masato como antes, pero también acuden a las ciudades con regularidad, hablan castellano y son hijos del gran proceso de cholificación que ha recorrido al Perú.



Su forma de vida implica mucha pureza natural. Apenas se tala el bosque o se contaminan los ríos se afecta la sociedad indígena tradicional. Por ello, su hábitat natural se halla en contradicción con las ideas del presidente García, contenidas en el famoso texto del “perro del hortelano”.



En ese artículo, el presidente sostenía que el bosque era improductivo porque las comunidades explotaban una parte mínima y el resto permanecía intocado. Ese razonamiento expresa una incomprensión del modo de ser indígena; pero, peor aún, proponía como solución entregar el bosque en concesión a grandes compañías petroleras y madereras para que lo desarrollen.



Esa contradicción ha reventado de una manera espantosa. Hacía décadas que no moría tanta gente inocente en un enfrentamiento social. Nos duelen tanto los policías como los nativos. Bien miradas las cosas, la única postura racional es del lado de los indígenas. Ellos estaban ahí antes que lleguen todos los demás. Antecedieron a los incas, a los conquistadores españoles y al Estado criollo. Son los verdaderos dueños por su larga posesión de la región.



Por lo demás, sus tierras están reconocidas por ley; las comunidades son legales desde Leguía en adelante. Asimismo, el Estado peruano ha firmado la resolución 169 de la OIT, que obliga a consultar con los indígenas antes de otorgar concesiones en sus tierras. Pero, el Estado no ha cumplido. Por el contrario, el gobierno y buena parte de la clase política vienen meciendo a los indígenas desde la huelga de agosto pasado. Hasta que, finalmente, ha estallado la violencia y la sangre ha llegado al río.



El Congreso debe derogar los decretos cuestionados y someterlos a consulta. Asimismo, los ministros responsables, PCM e Interior, deben renunciar. Solo así el APRA puede salvar el último tramo del periodo gubernamental. Caso contrario, al presidente García le sucederá lo mismo que con la masacre de los penales, que lo arrastró en picada el resto de su primer mandato.

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Antonio Zapata Antonio Zapata

Antonio Zapata Velasco es Doctor en Historia de América Latina por la Universidad de Columbia, Nueva York. Profesor de Historia en la Pontificia Universidad Católica del Perú, profesor del Postgrado en Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Investigador Asociado del Instituto de Estudios Peruanos, especializado en historia contemporánea. Fue director y conductor del programa de historia “Sucedió en el Perú” del canal estatal peruano. Socialista convicto y confeso.