La encuesta publicada por La República muestra que sólo tres grandes asuntos gubernamentales registran mayor aceptación que rechazo ciudadano. Estos son: educación, economía y relaciones exteriores. Sorprende el primer puesto de educación, porque la encuesta fue tomada justo después del incendio y debe haber sido el punto más bajo de la gestión. Por ello, pareciera que la ciudadanía está satisfecha con la ministra más allá de los problemas que enfrenta. Por su lado, la aprobación del MEF se debe a la sensación de crecimiento económico que nos acompaña desde hace una década. En ese tren de subida, la mayoría no quiere cambios y como el ministro garantiza que todo seguirá igual, pues entonces es aprobado.
Por otro lado, la tercera aprobación corresponde a la cancillería, no obstante que la encuesta fue tomada en el preciso momento del escándalo por la fragata inglesa. Es decir, cuando gran cantidad de medios de prensa ajustaban las clavijas del ministro Roncagliolo, la opinión pública consideraba positiva su gestión. ¿Cuál es la razón de esta paradoja? ¿Por qué la mayoría de la población habría estado en contra del ingreso de la nave británica?
En primer lugar, porque el sentimiento de solidaridad latinoamericana es una constante en la historia peruana. Desde los albores republicanos, el Perú ha jugado un papel activo en la forja de instituciones continentales. El Congreso Anfictiónico de Panamá fue convocado desde Lima y José Faustino Sánchez Carrión fue la figura clave de su organización. Luego, se hallan los congresos americanos y la solidaridad de las cuatro repúblicas del Pacífico contra la armada española de 1866.
En ese mismo período, el Perú apoyó a José Martí y la independencia cubana, incluso el joven héroe peruano Leoncio Prado lo acompañó en una de las guerras por la emancipación caribeña contra España.
Por su parte, Ramón Castilla había sostenido a Benito Juárez contra la invasión francesa de México y los ejemplos podrían multiplicarse. En muchas ocasiones, tanto del siglo XIX como del XX, las mayorías han participado emocionalmente de toda causa latinoamericana contra las potencias europeas. Es una postura tradicional ciudadana frente al colonialismo.
Por otro lado, esta semana es el treinta aniversario de la guerra de las Malvinas. Precisamente por esa razón, la armada británica había decidido que una fragata navegara por el Pacífico, saliendo del archipiélago en disputa con Argentina. Entonces, se trata del rechazo a un paseo británico interesado en exhibir su poderío, además de la amistad con Argentina. Pero, como han recordado muchos, esta histórica amistad se habría visto mellada por la venta de armas al Ecuador durante el último conflicto bélico que tuvimos con el vecino del Norte en 1995. Aunque, no fue un asunto de Estado, sino de funcionarios públicos corruptos, incluyendo al ex presidente Menem, que han sido sancionados por la justicia platense.
Por su parte, en las escuelas peruanas se rinde culto a José de San Martín y ningún niño ignora que la independencia vino del Río de la Plata. Este conocimiento es muy primario; se halla presente desde la educación inicial y constituye un substrato común entre nosotros. Asimismo, se halla la intensa competencia emocional con Chile y el puesto de la Argentina en ese sentimiento. La mayoría piensa que Chile ha sacado ventaja; su crecimiento económico e integración social se perciben como superiores a los nuestros. Ante ello, el ciudadano peruano común y corriente se siente aliviado por la fortaleza argentina con respecto a Chile.
La mayoría de peruanos está informada que el próximo año saldrá el fallo de La Haya y entiende de manera natural que no ganamos nada apoyando a Inglaterra contra Argentina en la tensión por las Malvinas. Nadie ignora que para evitar una fricción post La Haya, el aliado clave será Argentina. Por ello, la cancillería habría ganado la aprobación ciudadana al conducir su pensamiento intuitivo en política exterior.
