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Libros, ojos y antojos

Libros, ojos y antojos

Por Eloy Jáuregui

Siempre me gustó el aroma de los libros maoístas. Había un tufo a arroz sin sal cuando uno leía “Las 4 tesis” que en realidad eran 5. Los otros libros olían a problemas hormonales y solo los de poesía exhalaban un goce inconfundible, como el amor humedecido, digámoslo de una sola vez. He vivido junto a libros desde que tengo uso de razón. Mi padre los vendía y me alimentaron con esa plusvalía del papel impregnado en tinta. Así, la primera feria del libro fue un deslumbramiento. Ahí, en el Parque Universitario, se ubicaron unos cuantos stands, y esa biblioteca ambulante reunía a muy pocos curiosos. Luego supe, que como decía Borges, “de todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo […] El libro es una extensión de la memoria y la imaginación”.

Esta vez no tocaré Internet. No quiero tener más enemigos. Sigo. De esa feria recuerdo a Enrique Congrains, muerto contiguo, editor y periodista, amigo de mi padre, que luego nos sorprendería con su “Lima, Hora Cero”, un libro de 4 relatos que cambió mi vida en 1963 y la literatura y el cine, un tiempo después. Libro de la colección Populibros que dirigió Manuel Scorza, de importancia genial, lástima, desmantelado por el alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes, que como buen reaccionario e inculto, un libro era más peligroso que un navajazo. Scorza era un tipo contradictorio desde el Patronato del Libro Peruano, bajo la figura de Manuel Mujica Gallo en 1956. Buen novelista, mejor poeta y pésimo comerciante. Mi padre en el cielo lo debe seguir persiguiendo para que le pague. Igual que los timados celestiales. Sebastián Salazar Bondy y Eleodoro Vargas Vicuña. No obstante, Scorza –¡qué personaje!–, nos permitió leer a 5 soles a escritores como Balzac, D.H. Lawrence o Twain. Y a Ribeyro, Vargas Llosa y Reynoso. Por aquello lo perdono.

Sería injusto no mencionar en esta aventura de los libros a Mejía Baca, Jaime Campodónico, Pepe Bonilla, Humberto Damonte, Francisco Moncloa, Milla Batres. Es fregado publicar en el Perú. Las empresas que tienen un espacio en esta Feria Internacional del Libro lo saben. Fomento y auspicios no cuentan para esta tarea. Otros editores están expulsados de este breve paraíso. Es el caso notable de Jorge Espinoza Sánchez, del Fondo Editorial Cultura Peruana, quien desde el 2003, con la “Colección Perú Lee”, inundó el mercado con libros a un sol. No es joda, Espinoza ha publicado en el Perú más de 200 títulos, desde Shakespeare, Cervantes y Dostoievski. ¿Por qué tan barato? Porque como dicen Jaime Bailón y Alberto Nicoli en su reciente “Chicha Powers”, en nuestra mercadotecnia operan otros códigos y otros engranajes. No es igual publicar en España que en una imprenta del jirón Ica. Y no toco al INC, son obtusos. Sí elogio la tarea de la Biblioteca Nacional, la editorial San Marcos y los jóvenes de Estruendomudo, Casatomada, Bizarro, Dragostea, Cascahuesos, Lustra, Alborada, todos, ilusos de la belleza pero boxeadores de la razón.

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Eloy Jaúregui Eloy Jaúregui

Eloy Jáuregui. (Lima, 1955) Poeta, ensayista y catedrático. Pertenece a la segunda generación del grupo Hora Zero y sus poemas han sido publicados en antologías y recopilaciones de poesía. Ha publicado Profundo vello. O guitarra con cuerda rota y Pa’ Bravo yo (2010), Historia de la Salsa en el Perú (2011).