Por Abelardo Oquendo
L a narrativa de Mario Bellatin ha venido independizándose cada vez más de la figuración de la realidad. El universo donde sus ficciones suceden no es el de lo maravilloso, lo real-maravilloso ni lo fantástico. Esta tipología de la ficción literaria está ligada a la verosimilitud y se apoya en una poética orientada a que el lector crea –al menos mientras lee– lo que se le cuenta, pues el efecto estético del relato depende de un poder de persuasión considerado fundamental. La ruptura de Bellatin con la tradición, el desafío a Aristóteles que comparte con la literatura del absurdo, consiste en hacer claramente perceptible la ficcionalidad de sus textos, contra toda pretensión de que el lector viva sus relatos.
Así, sus personajes habitan lugares descontextualizados y el acontecer se da en contradicción con los principios lógicos, sicológicos, naturales, sociales y demás en función de los que actuamos. Estas características, que para nada perturban la nitidez de su prosa, están muy acusadas en su Biografía ilustrada de Mishima, recientemente publicada por Matalamanga. Se acusan a tal punto que en algunos pasajes de esta breve novela pueden hacer desmayar un tanto el interés de la lectura, pero en ningún caso quebrarlo, dada la maestría con que Bellatin mantiene siempre seducido al lector.
Haz de La República




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