Cuando se quiere descalificar a una mujer se apunta siempre al rasgo corporal: gorda, chata, fea, cara de vieja.
Por Rocío Silva Santisteban
La semana pasada una niña iqueña lloró ante las cámaras de televisión e indicó a su padre el congresista Edgar Núñez con estas palabras: “es un canalla”. El congresista había querido negar la filiación alegando diferencias de contextura entre él y la hija: ella es “gordita” dijo en una aseveración que sin duda ya forma parte de la Historia Universal de la Infamia. “Gordita” es el diminutivo no cariñoso, por el contrario, totalmente agresivo que utilizó este individuo para descalificar sobre una base corporal que no debería ni por asomo ser materia de ningún tipo de discriminación. La verdad es que la niña no parece su hija, pues tiene mejor juicio.
El tema de las adiposidades, o de la calificación de “gordita” u otros sustantivos más agresivos –“min pao” le dijo algún chistoso– se están blandiendo para descalificar a Keiko Fujimori que ahora encabeza, peligrosamente, las encuestas con el 19% de las preferencias. Me parece bajo que se utilicen ese tipo de descalificaciones discriminadoras en el peor sentido del término, sobre todo, con una mujer que ahora está embarazada. No es necesario. Hay muchísimas otras razones sustanciales, fuertes y contundentes por las cuales no se debería votar nunca por Keiko, sin aludir siquiera a su cuerpo, ni a su condición de género, ni a su adscripción étnica. Por ejemplo, el que su mérito principal sea ser hija de Alberto Fujimori, esto es, que por sí misma no tenga ni haya tenido una performance política particularmente relevante.
El mismo argumento, pero aplicado al presidente del Perú es utilizado de manera poco feliz por nuestros vecinos del altiplano, para denostarlo. Evo ha dicho que Alan García está “gordo”. Bueno, pues, es un problema de su salud, cuyas condiciones al parecer dejan mucho que desear. Quizás deba de tener el presidente más cuidado para evitar el ataque cardiaco; no obstante, que sea flaco, gordo, desgarbado o contrahecho no nos interesa: su masa corporal es un dato intrascendente para su evaluación política, lo que debe de interesarnos es su contextura moral y, por lo visto en este terreno, está más bien anoréxico.
Hace pocos meses, en setiembre del año pasado, Armando Villanueva también calificó de “gorda” a Lourdes Flores: “Hay una gorda que anda por ahí diciendo que hay un gobernante de los ricos, cuando ella se ha paseado en la campaña electoral bañándose en la piscina de los ricos”. El venerable anciano debería de hacer honor a su condición de tal portándose como un caballero y no como un lenguaraz: por ahí no va la cosa, al contrario, se fortifican las posiciones que se atacan cuando no se usan argumentos sino epítetos.
Cuando se quiere descalificar a una mujer, pocas veces a un hombre, aunque ya hemos mencionado la excepción que confirma la regla, se echa mano de toda una suerte de adjetivos que apuntan siempre al tema corporal: gorda, chata, cara de vieja, fea, y alguna vez, mezclados con otros racistas, redondean ese espacio de ínfima categoría donde se mueve una suerte de sentina de la política peruana. ¿Qué podemos hacer para evitarlos? Convertirnos en una república de ciudadanos. Así de simple.
Una república de ciudadanos donde no importe la condición étnica ni corporal ni la clase social, sino la limpieza moral, la capacidad de indignación, la hoja de vida debidamente documentada, con papeles que no sean bamba; la experiencia y el conocimiento del terreno y, sobre todas las cosas, la honradez a prueba de fuego. Mientras tanto seguimos viviendo la acción política con calificativos ad hominem, es decir, sobre la persona, no sobre las ideas. Este es el error más grave de todos: confrontarnos por percepciones y no por razones.
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Que infeliz! ama a alguien que ni siquiera conoce!?
Evo es un mojón. Alan por lo menos tiene fenotipo de gente.
No me referÃa a que el embarazo es un estado celestial, ni nada por el estilo, pero si es un momento de especial susceptibilidad por lo menos en mi caso. Cuando estaba embarazada me encontraba especialmente sensible a comentarios de toda Ãndole. Aunque por la performance de Keiko de los dÃas post-sentencia, más bien se le ve y escucha más caradura que nunca. A veces el embarazo acentúa los rasgos de personalidad: en este caso, el autoritarismo hereditario que ostenta Keiko.
Y sÃ... soy una gordita lindaaaaa!!!
Ser gordo es un DEFECTO cuando se trata de personas de contextura no gorda. Evo tiene demasiada razón al decir que Alan está gordo. Es una manera simbólica y muy elegante de decir Los ricos engordan y nosotros seguimos flaquitos xD.
Mi siempre admirada RocÃo:
Comparto plenamente tu artÃculo sobre los adjetivos discriminatorios que suelen hacernos tanto a mujeres como a varones, cuando buscan descalificarnos... lo que no entiendo es, cuando dices refiriéndote a Keiko " sobre todo, con una mujer que ahora está embarazada"... ¿qué sucede? ¿acaso cuando nos embarazamos pasamos a un "estado celestial"? ... ¿a una situación de intangibilidad?... ¿será por ello q su padre ordenó esterilizar masivamente a las mujeres del ande para evitarles ese "estado de gracia?"...
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RocÃo, no te conozco, pero te amo gordita linda! Gracias por tu columna.
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