Nacido en Argentina, Ángel Zago llegó a Lima a fines de los sesenta, cuando tenía 33 años. Al poco tiempo abrió la fábrica Zago, donde comenzó a elaborar embutidos, traspasando todo lo aprendido en las “carneadas” de su natal Santa Fe. En ella, los vecinos se juntaban para elaborar fiambres para todo el mes o incluso el año. Con el tiempo, y tras el deceso de don Ángel, su hijo tomó las riendas del negocio, trasladando la fábrica de Surco a Lurín.