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Jueves 11 Marzo, 2010
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Identidades culturales y violencia

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Por Pepi Patrón

Es mucho lo que se ha dicho estas semanas sobre identidades culturales, país multi o pluri o inter cultural. Se ha hablado de culturas que son ancestralmente luchadoras y guerreras, pero también hemos dicho que ninguna tradición particular justifica el asesinato de seres humanos desarmados.

Me parece un tema muy relevante en el mundo actual, en el que las migraciones masivas o las comunicaciones nos ponen en contacto con gentes y pueblos con identidades culturales diversas. En el Perú, acabamos de vivir conflictos sociales que también (entre otros factores, por supuesto) están vinculados con esta diversidad. Según muchos estudiosos la solución no pasa por una declaración lírica de multiculturalismo, pues este puede significar la coexistencia, que puede ser pacífica o no, de culturas cerradas sobre sí, que no entran en diálogo y que parecen no (querer) aprender unas de otras.

Por ello es que hoy se prefiere hablar de interculturalismo o interculturalidad, aludiendo al hecho del necesario e ineludible contacto y relación entre las diferentes culturas, que contribuyen así a su mutuo enriquecimiento.

Es importante señalar que el hablar de identidades culturales como algo dado y cerrado conlleva importantes riesgos, tanto teóricos como prácticos. El filósofo y economista indio Amartya Sen expresa un fundado temor frente a estos riesgos que ya son una realidad. Él considera que parte de la violencia que caracteriza nuestros tiempos contemporáneos, puede explicarse por este recurso a una civilización, una religión o una cultura como la dimensión única, definitiva y monolítica que determina una identidad. Además, de una vez y para siempre, como un destino inevitable. Con ello, los “otros” pasan a ser el enemigo.

Sen aboga enfáticamente por una mirada plural a nuestras identidades; tenemos identidades plurales, diferentes membresías y filiaciones, y lo que es más importante, tenemos también la posibilidad de elección y de razonamiento crítico. Además de cultura o religión, también tenemos nacionalidad, género, profesión, oficio, opciones políticas, lengua, etnia, gustos estéticos o múltiples formas de asociación; podemos pertenecer a muchas comunidades distintas.

Sobre estos temas, Sen discute con Charles Taylor, filósofo canadiense y defensor de los derechos culturales de los francófonos en Québec, Canadá. En la perspectiva multiculturalista que sostiene Taylor, nuestras identidades y entre ellas las culturales, están en una medida muy importante moldeadas por el reconocimiento que los demás les brindan: así, una persona o un grupo puede sufrir un daño real, una distorsión peyorativa, si la gente o la sociedad que los rodea les devuelve, como reflejo, una imagen degradante o despreciable de sí mismos. En esta perspectiva, un mal reconocimiento puede infligir heridas dolorosas y causar daños serios. De esto, algo  sabemos, lamentablemente, los peruanos.

Para Taylor, en el contexto intercultural en que vivimos, una exigencia de reconocimiento es que se otorgue a las culturas un respeto que implique poder dialogar abierta y simétricamente con ellas, pues nuestras identidades se forman siempre en diálogo con otros. Pero también, y esto es importante decirlo, en diálogo crítico respecto de otros. Porque las culturas también tienen elementos criticables. Pero diálogo, y no violencia, al fin y al cabo.

No se trata, como hemos visto en días recientes, de un problema que afecte solo a los musulmanes en Francia o a los católicos en Irlanda. Nos afecta aquí, en nuestra propia casa y es imperativo reflexionar sobre ello. Creo que tenemos mucho que aprender de las perspectivas presentadas que, algunos, erróneamente ven como antagónicas. Gonzalo Gamio ha planteado en su interesante blog la necesaria concurrencia entre estas miradas. Defender la pluralidad de nuestras identidades y exigir el reconocimiento de las diferencias, son dos caminos que confluyendo nos pueden llevar a una necesaria y humana convivencia pacífica y respetuosa, aquí en el Perú.

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Valioso articulo pero muy confuso a la vez. Identidades las hay muchas, y no la hay al mismo tiempo. Es decir, el termino "identidad" parece al final un simple cajon de sastre, como una especie de deux machina que permite explicar todos los conflictos y problemas. Asi, lo de Bagua seria un simple "furor" etnico (con una terrible y agresiva franqueza, los racistas peruanos del siglo XIX hubieran hablado de eventos similares como una "guerra de castas": el hombre "blanco" criollo contra el "piel roja" andino). No es que se pase por encima a la constitucion; no es que se insulte a la poblacion; no es que se mande como carne de cañon a un grupo de policias a detener a todo un pueblo que reacciona enfurecido frente a normas que dañan sus legitimos derechos y propiedades ¡No es que el Peru sea injusto, desigual, y economicamente primario exportador empobrecedor! ¡No!: todo es simple y llamamente una suerte de mal entendido, de no saber ser "political correct".

Pero la historiografia y las ciencias sociales demuestran que estos eventos son de una complejidad mayor. En nuestro caso, revelan una vez el fracaso de las politicas neoliberales instaladas en Latinoamerica desde hace mas de 40 años: lo unico que ha aumentado es las ganancias de pocos y la pobreza de muchos.

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