
Ana Véliz.
Por la inconcurrencia del fiscal Ramito Salinas Siccha se quebró el juicio oral seguido contra el ex alcalde de Coronel Portillo, Luis Valdez Villacorta, y Solio Ramírez Garay, por el asesinato del periodista Alberto Rivera Fernández.
El presidente de la Tercera Sala de Reos Libres Jorge Aguinaga Moreno afirmó que el fiscal adjunto a la 1º Fiscalía del Crimen Organizado, que lidera Mateo Castañeda, no justificó su inasistencia.
Explicó que ningún otro fiscal se hizo presente, pese a encontrarse la causa en el octavo día y, por tanto, la inasistencia podría provocar el quiebre del juicio.
Indicaron que este tribunal tiene audiencia pendientes por otros casos y el fiscal llegó cuando ya estaban en otro proceso y las actas ya habían sido firmadas.
Según el tribunal, la audiencia estaba fijada a las 8:30 de la mañana en el penal Miguel Castro Castro, donde el fiscal debía continuar con el interrogatorio a Valdez Villacorta. Pero este no llegó ni tampoco el médico legista pedido para la audiencia
Aguinaga, agregó que reprogramará el juicio a la brevedad.
Revés a la justicia
Para Carlos Rivera, abogado de la víctima, los magistrados debieron de tener mayor consideración con el fiscal y no quebrar el proceso luego de 15 minutos de tardanza. “Es el tercer juicio por el mismo hecho, es una medida extrema sin mayores consideraciones”, dijo.
Indicó que este quiebre es un revés a la justicia porque de por medio existe un mandato de la Corte Suprema de que sea una sala de Lima la encargada del juicio.
“Ahora hay que hacer todo de nuevo y eso no es poca cosa. El crimen de un periodista no puede quedar impune”, dijo.
Haz de La República




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Una muestra más de la gran corrupción que impera en el Poder Judicial. Sobre el particular, y sólo con el animo de motivar a una reflexión, quisiera se me permita reproducir uno de los temas de reflexión publicados en la revista “Selecciones†editada por Reader’s Digest:
“¿Hay alguien que no haya maldecido en secreto a los abogados?. Los hemos creado en cantidades ingentes y hemos permitido que invadan todos los rincones de nuestra vida. Como los sacerdotes de la Edad Media, presiden los ritos esenciales de nuestra civilización, y hablan, hablan, hablan. Recibimos humildemente su bendición, en tanto que ellos siembran la desconfianza y una cautela forzada en todas nuestras relaciones, sean personales o profesionales. También han alterado la vida intelectual y el discurs
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