Continuar con la serenidad en el proceso de La Haya.
Las declaraciones del vicecanciller de Ecuador, Marco Albuja, que ponen énfasis en la neutralidad absoluta de su país en el diferendo marítimo entre Perú y Chile, son una pieza fundamental del proceso de concordia subregional de cara al fallo de la Corte Internacional de Justicia. El representante ecuatoriano ha sostenido que el acuerdo suscrito entre su país y Chile hace poco no podrá ser usado ante La Haya y ha llamado a no involucrar a su país en el diferendo, ratificando una posición ya asumida por el presidente Rafael Correa, coincidente con la que expresa permanentemente el Perú.
La postura ecuatoriana aboga para que el próximo fallo de La Haya ponga punto final a la controversia entre dos países vecinos y celebra que ambas naciones se hayan sometido a la jurisdicción de esa corte internacional. Este sometimiento ha sido cuestionado hace algunos días por un parlamentario chileno, exponente de la posición extrema antiperuana, demandando la renuncia a ese fuero. En el mismo Chile, el vocero oficialista en el Congreso en el tema de Relaciones Exteriores, el diputado Iván Moreira, ha respondido negativamente a esta pretensión. En Lima, Torre Tagle ha puntualizado que el proceso está en marcha y que el retiro de la jurisdicción de La Haya por alguna de las partes no es pertinente.
Es visible el esfuerzo peruano por mantener inalterable su estrategia de concordia y serenidad. En ese marco, es una buena noticia la llegada a ambos países de la misión exploratoria noruega para evaluar mecanismos y costos para el desminado en la frontera entre ambos países, para dar inicio a la eliminación pacífica de uno de los pendientes.
Afirmar esa estrategia cuando se está cerca de iniciar la fase oral del proceso es un esfuerzo complejo aunque no imposible por ambos países, sobre todo en Chile donde su posición oficial es jalonada por un sector minoritario militarista y por rezagos de una cultura diferenciadora y excluyente de una parte de la elite de ese país. Así, el enojoso incidente ocasionado por los términos ofensivos usados contra los ciudadanos de la etnia Bora fue zanjado rápidamente con las disculpas oficiales y el retiro del programa televisivo. Es meritoria la rápida respuesta chilena, a pesar de que queda la sensación que nuestro vecino debe trabajar mucho más, como lo necesitamos los peruanos, en los valores compartidos del respeto a los pueblos originarios.
En esa misma línea se ubican algunas expresiones peruanas que llaman con cierta bulla a desarrollar con premura estrategias de fortalecimiento militar de cara a la sentencia de La Haya. El Perú necesita desde hace más de 20 años recuperar sus capacidades militares disuasivas y este pendiente es una deuda de la sociedad y el Estado con sus FFAA; sin embargo, debe convenirse en que esta tarea no pasa por La Haya y su sentencia sino que es una obligación general y urgente común a nuestra vigencia como Estado. En ese marco complejo debe moverse la diplomacia peruana para llevar a buen puerto el proceso iniciado por decisión nuestra hace siete años. En ese curso, la coherencia y la mesura son condiciones indispensables de los actores públicos y de los formadores de opinión. La estridencia y el alarmismo tienen réditos pero son pasajeros frente a la trascendencia de lo que se juega en la corte internacional.