Espinas del caso Palma

Investigar hasta el final con la ley en la mano, sin excesos.
 

El caso Rudy Palma, el ex periodista de un diario local detenido e imputado por los presuntos delitos contra el patrimonio, acceso indebido a base de datos y violación de correspondencia en agravio de los Ministerios de Comercio Exterior y Turismo, y Economía y Finanzas, debe ser investigado y sancionado. Contra la legítima acción de la justicia no cabe ni la coartada de la libertad de expresión ni el derecho de acceso a la información pública, valores democráticos precisamente dañados con estas acciones ilegales. Tampoco vale un falso espíritu de cuerpo que minimice los delitos cometidos o ampare prácticas periodísticas que demandan impunidad so pretexto de divergencias políticas o ideológicas.

El proceso a Palma, sin embargo, discurre por caminos sinuosos que desdicen una práctica jurisdiccional legítima y respetable. En el último episodio, develado por La República, un juez autorizó la interceptación masiva de teléfonos y/o correos electrónicos de entre 18 y 21 personas, entre ellas ocho periodistas por lo menos, y un parlamentario. La decisión, sustentada en la presumible existencia de una red criminal organizada que penetra los secretos de Estado, es violatoria en la forma y en el fondo de los derechos ciudadanos que autoriza la intercepción judicial de las comunicaciones luego de una ponderación de los hechos investigados, como una excepción y bajo la convicción de que es “absolutamente necesaria” para el proceso, de acuerdo a lo dispuesto en el Código Procesal Penal. En este caso, la medida fue indiscriminada y violatoria del requisito de identidad del interceptado, dispuesto en la misma norma.

Las explicaciones del Ministerio Público son más penosas e indignantes que los hechos mismos, como que la interceptación sirvió para conocer la identidad de los dueños de los números telefónicos, que la medida “solo” rigió pocas horas o que, obedeció a la presunción de que Palma y otros supuestos integrantes de una “organización criminal” seguirían operando. Ocurre otro tanto con la explicación del Poder Judicial que se exculpa indicando que lo hizo a pedido del fiscal, como si un juzgado fuese una mesa de partes y el juez no tuviese la obligación de ponderar sus decisiones. Las investigaciones internas anunciadas al fiscal y al juez del caso demuestran el cuestionable uso de sus facultades discrecionales.

La interceptación de la comunicación del parlamentario Luis Galarreta es igualmente grave. Sería peligroso sentar el precedente que, a pesar de que la Constitución señala que los congresistas solo pueden ser sometidos a procedimientos acusatorios ante el Congreso, se considere que sus comunicaciones no forman parte de su fuero inviolable y que es legal interferirlas sin previa autorización del Parlamento.

Estando en ese nivel los hechos, el Poder Judicial debe informar sobre la identidad de los periodistas y en general de los ciudadanos objeto de la masiva interceptación telefónica. El Ministerio Público, que sigue olvidando su deber de cautelar los derechos, debería sustentar con coherencia las razones de esa decisión y aclarar el delicado uso del concepto secreto de Estado que ha servido para elevar el rango del tipo penal materia del caso Rudy Palma. Fuera de eso, que la ley caiga con su justo peso sobre quienes acceden indebidamente a las comunicaciones privadas so pretexto de informar.

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Director fundador
gustavo mohme Gustavo Mohme

Gustavo Mohme Llona nació el 25 de abril de 1930, en el distrito de Chulucanas, Piura, y debido a la repentina muerte de su madre fue criado desde muy pequeño por su abuela materna, Stella Miller de Llona. Lejos de que esto sea un impedimento para su formación, siempre dio grandes muestras de honestidad con las personas que lo rodeaban, siendo solidario con todo aquel que lo necesitaba.

Mencionar su nombre es referirnos a un emblemático personaje que, en su quehacer político y periodístico, influyó en el desarrollo de la sociedad peruana durante varias décadas. No sólo se trato de un reconocido ingeniero civil que desarrolló obras de gran envergadura, sino que se enfrentó a los representantes de nuestras etapas más nefastas: la dictadura fujimontesinista.

En el año 1956 Gustavo Mohme Llona decidió casarse con Ramona Seminario, y fruto de su amor llegaron sus seis hijos: Stella Mohme Seminario, Gustavo, María Eugenia, Gerardo, Helena y Carlos. Años después y convencido por el ex presidente Fernando Belaunde Terry, decide incursionar en la política, adhiriéndose al partido Acción Popular (AP).

En 1985 fue elegido senador por Izquierda Unida. En la siguiente elección general, en 1990, volvió a ganar un puesto como senador, pero su gestión fue interrumpida por el autogolpe de Estado de Alberto Fujimori en 1992. Tras un breve receso, Mohme Llona fue llamado por el líder de Unión Por el Perú (UPP), Javier Pérez de Cuéllar, para integrar la lista parlamentaria, y así logró ser elegido para el periodo 1995-2000. Posteriormente, la muerte sorprendió a Mohme cuando había sido reelegido como congresista para el periodo 2000-2005, esta vez con la agrupación Somos Perú.

En noviembre de 1999, Gustavo Mohme Llona convocó a diversas fuerzas políticas a firmar el Acuerdo de Gobernabilidad para fortalecer la democracia y enfrentar al fujimorismo y conservar la institución de la democracia.

Su trabajo político estuvo a la par con un sueño que en 1981 concretó: la fundación del Diario "La República”, convirtiéndose en uno de los medios de comunicación más importantes del país, lo que se mantiene hasta la fecha. Años después, también se formaron los diarios “El Popular” y “Libero”. Gustavo Mohme Llona falleció el 23 de abril del 2000, pero a pesar de ello, su legado se mantiene en cada uno de los trabajadores que conforman hoy el Diario La República.