La máxima instancia de la justicia ecuatoriana se somete al presidente Correa
En Ecuador se libra una desigual batalla por la libertad, entre un gobierno que usa todos los recursos del poder a los que tiene acceso y un diario al que se le cierran las puertas de la justicia, una a una. Las pésimas relaciones que mantiene el presidente Rafael Correa con los medios de comunicación independientes de su país se siguen deteriorando. Hace pocas horas, el máximo tribunal ecuatoriano –el tercero nombrado bajo su gobierno– rechazó el recurso de casación elevado por los directivos del diario El Universo y el ex editor de opinión de ese diario, confirmando así la sentencia al pago de una compensación millonaria y a tres años de prisión por ultraje a la figura presidencial.
En febrero pasado, el entonces jefe de opinión de El Universo, Emilio Palacio –reconocido periodista, hoy exiliado– publicó una columna afirmando que el señor Correa había ordenado disparar contra los policías durante la asonada que lo mantuvo cautivo por algunas horas. El Presidente entabló una querella contra el diario, sus directivos y el autor de la columna. El proceso permaneció estancado hasta que llegó a manos de un juez provisional que en tiempo récord se hizo cargo del expediente de 5.000 folios y redactó una sentencia condenatoria de 80 páginas –publicada 24 horas antes de concluir su destaque al tribunal– condenando a los directivos de El Universo y al periodista Emilio Palacio a tres años de prisión y al pago solidario de US$ 30 millones, más otros 10 millones a cuenta del diario.
El fallo, sin precedentes en Ecuador y en el ámbito continental, causó la consternación y condena de las instituciones gremiales del periodismo del país hermano y de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), la que sostuvo que se amenazaban los más esenciales principios de la libertad de información y de opinión. El Universo apeló a la instancia superior, la que ratificó el fallo. El diario y sus periodistas acudieron entonces en casación ante la Corte Nacional de Justicia, vía ahora clausurada. De acuerdo al fallo del alto tribunal, todavía quedaría a El Universo plantear un recurso de nulidad sobre el proceso, pero la sumisión de la justicia al poder político hace predecible su resultado.
La jueza titular del caso, Mónica Encalada –hoy refugiada en otro país– ha dado valiente testimonio de las presiones y ofrecimientos de dinero por parte del poder político mientras tuvo a cargo el juicio y después cuando se pretendió que lo retomara siguiendo un libreto del poder. Se cierra así el círculo malsano de una represalia minuciosamente organizada contra la prensa incómoda al poder. Las dictaduras clásicas del siglo pasado invadían las redacciones, clausuraban los medios y deportaban o encarcelaban de facto a los periodistas. Los nuevos autoritarismos activan mecanismos más sofisticados: someten a la libertad de expresión a un rito judicial predeterminado del que salen condenas alevosas; ya no se queman los diarios pero se instruyen largas parodias contra la libertad de expresión, se les intenta ahogar financieramente y se ordena la prisión de sus periodistas.
Existen dudas sobre si El Universo podrá cubrir la millonaria compensación o deberá declararse en quiebra, pero –cualquiera que sea el desenlace– el episodio nos suscita la más enérgica condena, pues es un claro intento de someter a un medio y, además, no es el único: hace pocos días dos periodistas ecuatorianos que publicaron un libro sobre los malos manejos del hermano de Correa han sido condenados a pagar dos millones de dólares al mandatario.
Las sonrisas de Correa y sus ministros presentes en los tribunales han dado la vuelta al mundo. El presidente ecuatoriano saborea por ahora su triunfo y hace escarnio de los juzgados. Su victoria, sin embargo, significaría una derrota del sistema de libertades. Ecuador y América Latina llegarán a superar tarde o temprano este aciago momento.