Por Carlos PáucarLos alcaldes piensan que las calles de sus distritos les pertenecen y pueden hacer lo que quieran con ellas. Al de Chorrillos, Augusto Yamashiro, se le ocurrió amontonar varias maquinarias en medio de una avenida bastante transitada (Huaylas) y explicó –muy campante él– que era para que los vecinos vieran lo que había comprado. No le importó entorpecer el tráfico y que los vecinos sufran con el embotellamiento. No. Sólo quería promocionarse. Al alcalde de Jesús María, Enrique Ocrospoma, le surgió otra idea no menos descabellada: malograr un área hermosa del distrito y realizar allí –en una esquina del Campo de Marte– una construcción contra todo criterio estético y funcional. Por supuesto no le importó la indignación de los vecinos que ven cómo su distrito se depreda sin misericordia. Esa “obra” lo hizo esta autoridad sin sonrojarse un poquito, sin una pizca de vergüenza.El alcalde Luis Castañeda decidió demoler la célebre banca semicircular que rodeaba el monumento principal del Parque Washington. No sabía, no querían saber él y sus técnicos, que tenía un gran efecto acústico, que permitía conversar a distancia. También insiste en usar el único bosque que tiene San Marcos.¿Por qué nuestros alcaldes se sienten dueños de sus distritos? ¿Por qué olvidan, con facilidad, que están al servicio de sus comunas? Una última pregunta: ¿por qué solo recuerdan que son autoridades pasajeras cuando llega el final de su gestión.