Claudia Toro V.
Sebastián Rivas tiene tan solo 14 años y ya conoce el sabor amargo de la humillación y la ira contenida. Desde hace dos años se ha convertido en el "punto" de sus compañeros del colegio solo por ser el más bajito y delgado del salón. Todos los días debe escuchar insultos, apodos y soportar empujones, pifias y burlas. Lo terrible para él es que este acoso se ha trasladado a una esfera más extensa, masiva y más difícil de controlar: las redes sociales.
A través de su cuenta de Facebook todos lo conocen como "Krilin", un pequeño personaje sin pelo de la serie manga Dragón Ball. "Pero no solo es eso. Le dicen retrasado, enano, mostro, cuasimodo. Mi hijo es un chico muy sano y estudioso (...). Lo peor es que todo el salón lo hace y a cada momento. Hasta han hecho dibujos con su nombre y lo difunden por internet. Varias veces Sebastián viene llorando y no se qué decirle", dice su joven madre Katia Olórtegui, una escultora de 41 años de edad que se dedica a la pintura de murales.
Lo cierto es que Sebastián padece del temible "Ciberbullying" (Ciberacoso), otro tipo de abuso pero que esta vez se extiende por medio de información electrónica. Puede ser por correo electrónico, redes sociales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto, teléfonos móviles, y websites difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios.
INSULTOS POR LA RED
Pero, este ciberacoso pretende causar angustia emocional, preocupación, puede también incluir amenazas, connotaciones sexuales, etiquetas peyorativas, etc. Según el reciente estudio sobre bullying realizado por el Centro de Información y Educación para la Prevención del Abuso de Drogas (Cedro), la víctima de este tipo de acosos suele tener defectos físicos (41,6%), en su mayoría son estudiosos (24,2%), de talla baja (21,1%), raza diferente (21,1%), bajo rendimiento escolar (20,2%) o pobres (15,9%).
"Se trata de un comportamiento agresivo o de querer “hacer daño” intencionadamente, a pesar que no hay provocación de la víctima. Este acoso es de forma repetitiva e incluso fuera del horario escolar. Aquí impera el poder o la fuerza. Hay presencia de bullying a través de las redes sociales, “Ciberbullying”, una modalidad en línea oculta a la vista de los adultos y del que se necesita saber más", señala el estudio.
DEBE REGULARSE
Para Dimitri Senmanche, presidente de la Red contra la Pornografía Infantil y Delitos Cibernéticos, las redes sociales como Facebook deben regular este tipo de maltrato entre adolescentes, pues el acoso debe ser reportado y denunciado. "No hay ninguna ley contra el Ciberbullying, ni pena puntual. Hay que tener en cuenta que los victimarios, al igual que las víctimas, son menores de edad y son inimputables. Pero según las políticas que tiene Facebook, existe la posiblidad de reportar perfiles y páginas que de alguna manera generen violencia, odio, insultos, o de índole sexual", señala el experto.
Senmache refiere que debe hacerse un monitoreo rápido de las millones de denuncias en dicha red para que casos como estos no se repitan y el propietario de esa cuenta proceda a borrar los improperios.
"La tecnología ha avanzando tanto que hace difícil una vigilancia cotidiana o permanente de este tema. No hay un filtro. Se dice que menores de 13 años no deben ingresar, pero cualquier niño puede mentir en su fecha de nacimiento y acceder. Eso hace que sea muy volátil el tema de la vigilancia. En algunos ciudades de EEUU sí son penalizados los insultos y la apología a la violencia por internet", sentenció.
EN CIFRAS
57,7 % perciben el bullying como muy peligroso, el 35,4 % cree que es peligroso y 5,7 % piensa que es muy normal, según estudio de Cedro.
44,4 % dice que avisa al profesor cuando observa este tipo de acoso en el colegio.
LA CLAVE
Las características del ciberacoso son: la mayoría de los acosadores intentan dañar la reputación de la víctima manipulando a gente en su contra. Pueden crear sus propias webs, páginas de redes sociales (páginas de Facebook), blogs o fotologs para este propósito. Los ciberacosadores pueden espiar a los amigos de la víctima, su familia y compañeros de trabajo para obtener información.