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Mujeres en busca de respeto - foto 3

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La asociación "Miluska Vida y Dignidad" reclama derechos laborales y tolerancia para las prostitutas. Surge la pregunta: ¿Debe considerarse el ejercicio de esta actividad un trabajo digno de reconocimiento legal? Las feministas responden: Un oficio que denigra a la mujer y pone en riesgo su vida no puede ser promovido desde la sociedad.

La asociación "Miluska Vida y Dignidad" reclama derechos laborales y tolerancia para las prostitutas. Surge la pregunta: ¿Debe considerarse el ejercicio de esta actividad un trabajo digno de reconocimiento legal? Las feministas responden: Un oficio que denigra a la mujer y pone en riesgo su vida no puede ser promovido desde la sociedad.

Por Nilton Torres
Fotos: Melissa Merino

Dan la cara. En primer plano, Ángela Villón, fundadora de la asociación “Miluska Vida y Dignidad”, con otras integrantes de su colectivo que tiene 800 prostitutas asociadas en Lima y provincias. Prostituta, boquita pintada, mujer de la mala vida, ramera, lolita o simplemente puta. Luzmila dice que la han llamado de mil formas y todas de manera despectiva, señalándola como un ser inferior. Y por eso siempre temió levantar la cara. Y por eso durante años ha tenido que llevar una doble vida, ocultándole a sus hijos el origen del dinero que sirvió para educarlos. Pero eso ya se acabó.

"Me sentía culpable por el modo que tengo de ganarme la vida y siempre quise explicarle a mi familia lo que hacía para darles las comodidades que han tenido. Un día lo hice y ahora ellos saben lo que hago y lo entienden, no me juzgan. Más bien ahora me quieren más porque saben lo que he hecho para darles de comer".

Dignificar lo que es considerado indigno. Eso es lo que está haciendo Luzmila y otras mujeres que decidieron mostrarse ante la sociedad venciendo sus temores, pero sin buscar el morbo ni hacer apología de la prostitución. Condenando la explotación sexual, la trata de mujeres, más aún si hay niñas involucradas. Lo que piden es respeto y derechos, como cualquiera de nosotros los exige de la sociedad y el Estado. Porque también ellas son mujeres, madres, hijas, hermanas, como cualquier otra, ciudadanas que trabajan y se ganan un pan.


Enfrentando la verdad

Reciente desfile por el Día Internacional de la Mujer. Ángela Villón, una señora risueña de cabellos dorados y dueña de un verbo contundente, es la presidenta de "Miluska Vida y Dignidad", la primera asociación de trabajadoras sexuales. Ese es el nombre adoptado por las mujeres que ofrecen sexo a cambio de dinero. "Nos han estigmatizado, asocian la prostitución con la delincuencia y no es así. Lo que pasa es que como en todo oficio, hay gente buena y mala, como las peperas, las gateadoras, las proxenetas. Ellas son las que nos han hecho mala fama, pero la mayoría no somos así. Una cosa es ser trabajadora sexual y otra utilizar esta actividad para delinquir. Y eso es lo que estamos desterrando con la asociación".

El fin supremo de las Miluskas, como explica Ángela, es alcanzar el llamado "empoderamiento de la trabajadora sexual". Es decir, dejar de sentirse lacras y despreciarse a sí mismas. "Si pensamos así asumimos que todo lo malo que nos pasa es por ser putas y no es así. A nosotras, la sociedad no nos considera ciudadanas, no tenemos derecho a seguro médico y menos a pensar en una pensión. Estamos prácticamente desamparadas y encima vulnerables porque somos blanco fácil del abuso y la violencia".Yolanda es una mujer de cabello corto y ojos negros, pequeños, que lo han visto todo.

"Cuando trabajamos estamos pensando en los hijos que dejamos en la casa. Si chocas con una autoridad y le reclamas tus derechos, te golpean, te amenazan, te exigen que te acuestes con ellos, e incluso te siembran droga para poder detenerte con justificación y acusarte de tráfico. ¿Mujeres de vida fácil? No lo creo", dice Yolanda.Nuestra legislación no considera a la prostitución como un delito, más bien regula el ejercicio de este trabajo. Pero a pesar de ello, el abuso es una amenaza latente.


No son víctimas

En riesgo. No solo por las ETS, también por la violencia a la que están expuestas. "Miluska Vida y Dignidad" ha detectado que es en Cajamarca donde se registra la mayor cantidad de ataques contra las trabajadoras sexuales, debido al aumento de estas por la minería, y la persecución de las autoridades y los ronderos. "Esa información la recogemos en los viajes que hacemos para dictar charlas de sensibilización. En esas ocasiones nos han silenciado por decir que nos sentimos bien en este trabajo, que lo que se busca no es dejarlo sino hacerlo más digno. Por eso seguimos luchando, para que no nos sigan viendo como víctimas a las que hay que rescatar. Que se entienda que lo que queremos es que se nos reconozcan nuestros derechos", dice Ángela.

Y niegan que a través de ellas se sigan transmitiendo enfermedades como el VIH sida, ya que también son consejeras del uso del preservativo y no aceptan ningún servicio sin esta protección. "Muchos hombres no quieren usarlo. Pero si no quieren no hay trabajo. Así de simple. Y no solo por protegerlos a ellos, sino sobre todo a nosotras mismas de cualquier enfermedad. Tenemos claro que cuidándonos nosotras, vamos a cuidar la salud de nuestros clientes", dice Ángela.

Y aseguran que si ellas existen es porque hay una demanda de lo que ofrecen, y no se trata de la decadencia de una sociedad ni nada que se le parezca. Incluso, muchas veces les toca fungir de terapeutas de pareja y han ayudado a salvar matrimonios en peligro.¿Estas mujeres habrían preferido tener otra forma de ganarse la vida? La respuesta es obvia. Sí.

Pero la pobreza las ha llevado a ejercer un oficio que han aprendido a valorar. Sí, aunque sorprenda, y han aprendido además que esa opción de vida merece respeto. Porque detrás de esas existencias hay seres humanos ávidos de consideración, algo que exige despojarnos de prejuicios, así como ellas se despojaron de los suyos para nunca más esconder el rostro debajo de una sábana.


¿Trabajo o explotación sexual?

Hay una polémica respecto a si las trabajadoras sexuales deben acceder a derechos. Tammy Quintanilla, directora del Movimiento El Pozo, que trabaja en temas de género y mujer, sostiene que la prostitución vulnera los derechos humanos de la mujer, y debe ser abolida. “No estar a favor de la prostitución no significa ignorar a las mujeres que la ejercen. Aquí las ayudamos mediante talleres de autoestima, becas de estudio y capacitación para ejercer otros oficios, buscamos que cambien de vida, pero no les ponemos condiciones”, dice Quintanilla, quien se refiere a ellas como mujeres en prostitución.

“No es necesario que se autoproclamen trabajadoras sexuales para alcanzar derechos laborales como un seguro de salud. Bastaría con reconocer su actividad como de alto riesgo y ya ameritaría un seguro, incluso de vida. No estamos de acuerdo que se considere a la prostitución una actividad laboral. Eso generaría que se asuma como trabajo el uso indiscriminado del cuerpo de la mujer, facilitando la explotación sexual y la trata de mujeres”, advierte la representante del Movimiento El Pozo.