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Hermanos infraternos

Este martes 22 se celebra el Día de la Fraternidad aprista, y no hay motivos aparentes para celebrar. El partido de gobierno está en la fase final de un quinquenio cargado de corrupción e insatisfacción social. Además, la militancia se siente cada vez más alejada de la clase dirigencial. Aquí las voces de dos apristas que vivieron en carne propia la arbitrariedad y la ambición de la cúpula directiva.

Por Ghiovani Hinojosa

“¿Sabes cuándo es el mitin del Día de la Fraternidad?”, le pregunto a un anciano pensativo en el ingreso de la clínica dental de la Casa del Pueblo. “¿Por qué? ¿Quieres meterle una bomba al partido?”, reacciona con gesto grave. “No, no, solo quiero saber”, retruco temeroso de que se trate de un búfalo disfrazado de cordero. “Lo decía para acompañarte”, murmura cachaciento. “Mi padre era aprista hace muchos años, dejó de serlo luego del primer gobierno de Alan García. Yo también soy aprista, pero no comulgo con la dirigencia, que ha matado la ilusión del pueblo. Ahora solo vengo para verme los dientes”, dice y arrastra sus pasos hacia el consultorio. Afuera, en los patios, decenas de adolescentes timoratos también arrastran sus pasos, esta vez hacia las aulas del centro preuniversitario Antenor Orrego, que les ofrece educación a bajo precio. Les pregunto por el Día de la Fraternidad. No saben nada. Tampoco, creo, saben nada los chicos que patean un balón a un costado de los salones. El que fue el epicentro ideológico de Víctor Raúl Haya de la Torre, el local de la cuadra 10 de la avenida Alfonso Ugarte, en Lima, luce hoy como un colegio en tiempo de vacaciones. No se respira el fervor que, décadas atrás, antecedía a las celebraciones y espectáculos por el Día de la Fraternidad, la fecha estrella de los ‘compañeros’.

¿Tiene el Apra hoy razones para evocar la hermandad que unió a sus militantes en la época de las persecuciones políticas? ¿Está viva su tradicional fraternidad? “Hablar de fraternidad en el contexto actual es una grandísima hipocresía. Suena a un sarcasmo irónico y doloroso. ¿Cómo puede haber fraternidad si unos utilizan el poder para meter cabes y puñaladas? ¿Qué ánimo puede haber para salir a marchar si tenemos millones de jóvenes trabajando 12 horas sin seguro social ni vacaciones”, dice el ‘compañero’ Luis Alberto Salgado, uno de los cuadros apristas más críticos a la cúpula. Ahora que el partido de gobierno enfrenta la lid electoral como un combatiente acéfalo –no tiene una fórmula presidencial para el país– y, según las encuestas, corre el riesgo de no pasar la valla electoral del 5 por ciento de votos válidos o los siete escaños parlamentarios, conviene ahondar en las raíces de su crisis. ¿Cómo así sus más altos dirigentes se ven envueltos en corruptelas que van desde licitaciones petroleras hasta relaciones con el narcotráfico? En la base del problema está la creciente desconfianza existente entre los apristas de a pie sobre el propio partido, y un sistema desfigurado de democracia interna que eterniza en el poder a la cúpula de Palacio de Gobierno.

Lambayeque: el tiro por la culata

Un hecho que ha pasado desapercibido en los últimos días es la decisión del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de forzar la inclusión de Humberto Falla Lamadrid en la lista de candidatos al Congreso por el Apra en Lambayeque. Falla, parlamentario de viejo cuño que tienta la reelección, había recurrido al JNE luego de que el Jurado Electoral Especial de Chiclayo rechazara su pedido de invalidar los comicios del 16 de enero. ¿Por qué él pretendía que se anularan las elecciones internas en la región del norte? Por una serie de irregularidades en torno a la inscripción de su lista de aspirantes al Parlamento en Lambayeque.

Y es que cuando el 30 de diciembre pasado, Humberto Falla y otros cuatro ‘compañeros’ presentaron una lista como precandidatos congresales a esa región, ante el Tribunal Regional Electoral del Apra, se negaron a admitirles los papeles. Cuando finalmente acogieron la lista la invalidaron con la excusa de que Falla y otros tres no figuraban en el padrón de militantes. “Eso era risible e indignante. Yo he sido presidente de la Comisión de Inscripciones y Reinscripciones del partido. Si Javier Velásquez Quesquén mira el reverso de su cédula, encontrará mi firma. Me borraron del padrón; fue una lisura y un acto delictivo”, recuerda Humberto Falla. Ante los reclamos de este parlamentario en Lima, el órgano electoral lambayecano no pudo sino validar su lista; pero lo hizo tres días antes de los comicios, con lo que no le dejó tiempo a Falla para organizar a sus personeros y desplegar propaganda. Así, su lista perdió frente a la de ‘Sipán’ Velásquez. Todo parecía estar preparado para beneficiar a este último. “Él tenía miedo de que yo postule, no hay otra explicación. Supongo que Velásquez piensa que si en el 2006 el Apra sacó dos congresistas –de los cinco que le corresponde a esa región–, ahora, que estamos desprestigiados, sacaremos uno o ninguno. Y si es uno, quiere ser él”, añade. Lo cierto es que, ante la queja reiterada de Humberto Falla, el JNE resolvió aplicar el principio de participación proporcional en la confección de la lista final y dispuso que el demandante se integrara al final de la fórmula que lidera Javier Velásquez Quesquén.

“Al final, él no se salió con la suya. Todavía competimos”, remarca Falla. En sus palabras se advierte el talante de quien sabe que desafía al monstruo. Y también rebeldía. “Javier tiene autoridad estatutaria porque es presidente de la dirección política del partido, pero no tiene autoridad moral. ¿Qué autoridad moral puede tener un dirigente nacional que manipula los padrones o que mantiene de hinojos al tribunal electoral y al comité regional de Chiclayo?”. Según Humberto Falla, se ha eliminado a cerca de 12 mil militantes del padrón del partido en Lambayeque por disposición de la cúpula actual. Uno de ellos era él mismo. Muchos de los excluidos habrían sido los que repitieron el lema “¡No a la corrupción!” en la Plazuela Aguirre, en Chiclayo, cuando Velásquez Quesquén se impuso como líder de la lista de candidatos parlamentarios por el Apra. ¿Alguien dijo ‘fraternidad’?

¡No puedes ser presidente!

El abogado Luis Alberto Salgado, ex funcionario de las Naciones Unidas y ex secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Derechos Humanos, quiso ser el candidato aprista a la Presidencia del Perú. Tuvo la lógica del militante de un partido sano y aspiró al máximo cargo de representación política. “No se me permitió ser candidato a la Presidencia”, dice sin ambages. Y explica que fue expulsado del partido luego de declarar en una entrevista que opinaba que el gobierno era, en buena parte, responsable de la crisis del ‘Baguazo’. Tras presentar una acción de amparo, el Poder Judicial dispuso que Salgado sea restituido momentáneamente como afiliado hasta que culminen las investigaciones. Pero la cúpula del partido, escandalosamente, no permitió su reingreso. La situación se hizo tan insostenible que, en marzo del 2010, cerca de 150 delegados reunidos en un congreso nacional aprobaron devolverle sus facultades plenas a Luis Alberto Salgado. Pero esta decisión tampoco se cumplió. El agraviado, al respecto, es frontal. “Alan García dio la orden de desconocer la disposición del congreso, y esa orden fue cumplida por Jorge del Castillo, Wilbert Bendezú, Omar Quesada y Mauricio Mulder”, asegura.

El hecho es que esta omisión le impidió luego “postular” a la candidatura presidencial. Las comillas tienen razón de ser en el hecho de que el sistema de listas cerradas, que actualmente se aplica a todo proceso electoral interno, hace inviable, en la práctica, el acceso a una candidatura. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, si uno desea postular a una candidatura congresal en Lima –una jurisdicción a la que le corresponde 36 escaños– tendría que necesariamente aliarse con otros 35 aspirantes. Ya un líder como Armando Villanueva se ha pronunciado en contra de este mecanismo, que favorece las camarillas y empodera a la cúpula al máximo. Sobre los apristas del llano, Salgado hace una aguda acotación: “Miles y miles de apristas simplemente no quieren saber nada con el partido. No hay que olvidarse un dato importantísimo: solo el cinco por ciento de los militantes, un poco más de 300 mil personas, votaron en los comicios para elegir a los delegados de la convención que ratificó la candidatura de Mercedes Aráoz”.

El 95 por ciento restante simplemente se desentendió de la suerte de su partido. ¿Qué rol tendrá esta masa inconforme en los comicios generales del 10 de abril? “El aprismo verdadero va a emitir su ‘voto de castigo’, no apoyará a la lista actual. Votaremos por otros candidatos cuyas propuestas se acerquen más a nuestras demandas”, advierte Jesús Guzmán Gallardo, otra de las voces disidentes del partido de la estrella.

Carlos Roca y Wilbert Bendezú renunciaron hace poco a sus candidaturas al Parlamento Andino. José Carrasco Távara cuestionó las elecciones internas en Piura. Javier Barreda atacó frontalmente la obstinación de Jorge del Castillo de mantenerse en la lista congresal. Así, golpeado, dividido, debilitado, el Partido Aprista realizará un mitin este viernes en la avenida Alfonso Ugarte. Entonces, los gestos altivos de los miembros de la cúpula no encontrarán eco en una multitud desconfiada. Incluso, un anciano sin dientes podría aparecerse con alguna idea loca entre manos.

El problema es Alan García

Nelson manrique
Sociólogo e historiador


La actual crisis del Apra es la mayor desde la ruptura entre Armando Villanueva y Andrés Townsend Ezcurra por la herencia de la tradición de Haya de la Torre, a inicios de los 80. Es una situación que viene desde el año 2000 y que se expresa en una inversión de la relación entre el partido y Alan García. Hoy Alan García no es militante del Apra, sino que el Apra es militante de Alan García.

Los apristas tienen la idea de que, si no fuera por García, ellos no tendrían un porvenir. En las elecciones de 1995, el partido perdió su inscripción porque la candidatura presidencial de Mercedes Cabanillas no alcanzó el 4% de votos mínimos; y en el 2001, García amplió este respaldo a 48%. Quien tiene la fuerza es Alan García y no el Apra. Por eso, en el último periodo, el presidente ha podido manejar el partido en función de sus intereses particulares y su proyecto de volver al poder en el 2016. A García le conviene un Apra dividido, debilitado. Las pugnas internas son parte de esto. ¿Cómo toma esta crisis el grueso de militantes? Hay un sector que ve al partido fundamentalmente como una agencia de empleo y, por lo tanto, manifiesta fidelidad a los dirigentes; otro que está descontento, pero no tiene posibilidad real de modificar la situación; y uno último y amplio que ha sido entrenado durante muchos años, décadas diría, en la lógica de justificar todo lo que hace la dirección. No me sorprendería que el Apra pierda su inscripción electoral este 10 de abril.

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