Política
Loading

“Es evidente, en Perú hay razones para protestar”

Entevista/Rolando Luque Mogrovejo. El adjunto para la Prevención de Conflictos en la Defensoría habla de las causas de estos.

Cristhian Ticona

Los conflictos sociales han aumentado desde 2007. ¿Somos realmente un país tan conflictivo?

La Defensoría reporta acerca de la conflictividad desde el 2004, y los conflictos han ido en ascenso. En algunos casos hay 10, 12 o 18 conflictos nuevos en un solo mes, y el porcentaje de conflictos que se resuelven es muy bajo. Eso no significa que el Perú sea un país especialmente conflictivo, pero los conflictos necesitan ser estudiados a profundidad.

¿Se puede identificar cuáles son las razones predominantes en el estallido de los conflictos?

Siempre se combinan causas de carácter estructural con causas inmediatas referidas a los problemas que directamente confrontan a las comunidades con las industrias extractivas, o el caso de poblaciones respecto de sus alcaldes provinciales o distritales.

¿Y las causas estructurales?

Tienen que ver con males históricos del Perú. Por ejemplo, problemas de corrupción no resueltos, problemas subsistentes de centralismo, problemas de no haber reformado el Estado, de discriminación, racismo, pobreza y exclusión. Y una causa inmediata que puede ser el temor a la contaminación se inserta dentro de esta agenda histórica y produce una protesta de mayor calibre.

Te hacía la pregunta inicial porque el presidente García vendió la idea de que la cultura del perro del hortelano estaba muy enraizada. ¿Eso es así o es una manera parcial de ver las cosas?

El conflicto es un hecho muy complejo donde hay elementos culturales, políticos, económicos y sociales. En consecuencia, necesita análisis finos para descubrir cuáles son los actores primarios y secundarios del conflicto, cuáles son los problemas detrás, cómo orientar esto a través del diálogo, de la institucionalidad; de manera que es un error pretender simplificar lo que de por sí es complejo. En el Perú hay razones para protestar, es evidente, pero también los conflictos sociales pueden ser instrumentalizados con fines políticos.

¿Cuánta responsabilidad tiene el Estado en ello? Los mineros se quejan de que están solos en las zonas donde operan.

El Estado está todavía ausente en muchos lugares del Perú, y en parte es también ineficiente. La gente se queja a la Defensoría, pero diría que nos hemos demorado para comprender que tenemos un problema. Cuando una ventanilla del Estado se cierra frente a la demanda social se abren las posibilidades de una expresión pública en las calles, en las plazas, y eso no debe ocurrir. El Estado tiene que absorber toda la conflictividad.

La improvisación del diálogo ha sido fatal. Nadie quiere conversar por temor a la mecida.

Hay falsos diálogos en el Perú, como por ejemplo sentarse a dialogar como una estrategia para ganar tiempo mientras se aplica la verdadera medida que el Estado quiere tomar, o cuando se dialoga bajo circunstancias de presión o de violencia. Ese no puede ser un diálogo franco, abierto, o cuando las partes que dialogan son muy asimétricas. O cuando se firman actas que al final no se cumplen, entonces la confianza se va deteriorando cada vez más en el Estado.

¿Cómo ven en la Defensoría esas mesas de negociaciones que surgen iniciarse el conflicto?

Ahora hay 284 conflictos, y de esos 108 están en proceso de diálogo, pero muy desiguales. La mayoría no están bien organizados, entre otras razones porque el 86% de esas mesas se han instalado después de la violencia. Pero ocurre que en estos procesos, después de haber muertes, heridos y las posiciones se han radicalizado, se trata solo de salir del apuro, y eso no es bueno. Para un buen diálogo debe haber una etapa previa de preparación. En estas capacidades que debe desarrollar el Estado, tenemos que fijarnos también en los gobiernos regionales y locales.

“La movilización es para mejorar la calidad de vida”


La estrategia del gobierno se centra en desprestigiar las protestas. ¿Cuánto aporta eso?

No ayuda. Lo conveniente es hacer un análisis fino de actores para separar unos de otros. Claro, hay también a quienes les interesa generar inestabilidad, desprestigiar el sistema democrático porque tiene un proyecto político distinto, muy radical disfrazado de cierta legalidad o abiertamente contrario al sistema democrático, como Sendero, que en algunos casos sus elementos pueden estar infiltrados en los conflictos.

¿Qué hacer ante ello?

Un buen análisis permite separar a unos de otros y fortalecer al actor democrático que sí quiere el diálogo. En una circunstancia de crisis de las ideologías, la movilización no viene por el lado ideológico, secundariamente por el lado político, viene principalmente por el lado concreto de obtener beneficios para mejorar la calidad de vida de su población.

Comentar esta noticia

Enviar un comentario nuevo