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Hinostroza, el ojo que mira

Fiesta. Pastores de Laria, Cerrito La Libertad, Huancayo.
Fiesta. Pastores de Laria, Cerrito La Libertad, Huancayo.
Revelaciones. Fotógrafo de Tayacaja dejó un valioso registro de imágenes que hoy pueden apreciarse en el C.C. Garcilaso. Hoy se hará una mesa redonda sobre su obra.

Teófilo Hinostroza es de aquellos  artistas peruanos de provincia adentro que esperan, con justicia, el rescate de su vida y su obra. Eso ha hecho precisamente el curador de arte Servais Thissen, quien, con el apoyo de Zoila Hinostroza, hija de este gran  fotógrafo, presenta una muestra de sus fotografías en el C.C Garcilaso, Centro de Lima. Fotógrafo, pero también músico, dejó una obra sólida en ambos campos. 

Para conocer mejor su trabajo con las  imágenes, hoy, a manera de homenaje, se realizará mesa redonda “Teófilo Hinostroza y la fotografía andina”,  con la participación de Leo Casas,  Zoila Hinostroza y Servais Thissen. La cita es en el Jr. Ucayali 391, Lima, 7 pm. Ingreso libre.

Como artista, el ojo –es decir,  la lente de Teófilo  Hinostroza– observó a su alrededor en 360 grados, es decir, hasta mirarse a sí mismo. Registró paisajes, personas, fiestas patronales, vida cotidiana, sentimientos y pasiones, sobre todo de la zona en donde nació, creció y se hizo artista. Hinostroza vino al mundo en el pueblo Colcabamba, Tayacaja, Huancavelica, en 1914 (murió en 1991). Desde allí, con sus padres, se trasladó al valle del Mantaro, Huancayo. Cuando aún estaba en el colegio, ingresó como ayudante en el taller fotográfico de Fortunato Pecho. Allí se inició como fotógrafo.

Pero no solo la imagen, sino también la música. “Con un grupo de amigos formó el Centro Musical Andino; se presentaron en muchos escenarios y tuvieron su programa propio en la radio de Huancayo. Su afición por la música lo llevó a estrechar una sólida amistad con José María Arguedas, quien frecuentaba su estudio Foto el Arte, de la calle Real que se había convertido en un lugar de encuentro y tertulia para los artistas”, subraya Thissen sobre esa otra faceta de Hinostroza.

Siempre se ha tenido como ícono de la fotografía andina, sobre todo Cusco, a  Martín Chambi, y es lo justo. Pero lo injusto sería no reconocer que en la misma época, en otras latitudes, pueblos y caminos, también hubo otros maestros que nos han dejado trabajos realmente valiosos y bellos. Uno de ellos, sin duda, es Hinostroza.

Ahí está, con la sobriedad de la luz y la sombra, las escenas de la vida de la sierra central.  La mirada respetuosa, cotidiana, pero al mismo tiempo, qué duda cabe, antropológica.  Basta con mirar sus personajes, sus días de faenas, sus ritos de siembra y cosecha y también lo religioso. Sus registros tienen ese valor, el de ser arte, testimonio y conocimiento.

 

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