El padre Marcial Maciel, fundador de la Legión de Cristo, una de las congregaciones católicas más vastas del planeta, era un pederasta, violador sexual y corrupto. La periodista mexicana Carmen Aristegui entrevistó a sus víctimas y reveló los secretos de un farsante.
Por Ángel Páez
A los 12 años Saúl Barrales se sumó a la Legión de Cristo. A los 17 el padre mexicano Marcial Maciel, fundador de la congregación religiosa, lo nombró su asistente personal. Se había encariñado con él. “Cerraba el cuarto, lo ponía oscuro y luego me decía: ‘Tengo un dolor de cabeza muy fuerte. Tócame aquí; no, ya se me bajó al pecho y luego más abajo al estómago; y ahí, ahí es donde me duele más’. Y yo pensaba: ‘Qué es esto de tocar a una persona’. Él dirigía la mano hacia el pene, a sus partes íntimas. Vivía un drama tremendo todos los días. ¿Cómo es posible que por un lado lo tengo como un santo y por otro me esté invitando a cosas que no compaginan?”, relató Barrales a la periodista Carmen Aristegui. En 1997, Barrales fue uno de los que rubricó una carta dirigida al papa Juan Pablo II en la que denunciaba las atrocidades sexuales y las corruptelas de Maciel. Pero el “candidato para santo”, que tenía extraordinarios contactos en Roma, logró que el escándalo no destruyera a la Legión de Cristo.
“Era Juan Pablo II un encubridor o un hombre trágicamente engañado como en las obras de Shakespeare”, ensayó una explicación Saúl Barrales, una de las víctimas de los actos de pederastia de Maciel. Aristegui investigó el caso y entrevistó a personajes clave de esta historia de horror que humilla a la Iglesia católica, especialmente a la jerarquía del Vaticano.
En Marcial Maciel: historia de un criminal, Aristegui incluye también los testimonios de quienes trabajaron hombro a hombro con el cerebro de los Legionarios de Cristo y hoy tratan de buscar alguna explicación a sus atrocidades. “Nuestro Padre (Maciel) tenía actos homosexuales y también actos sexuales con menores, que han continuado de forma constante a lo largo de toda su vida, en la vida de la Legión, desde los años 40 hasta los 90. (...) Ahora bien, si una persona te dice: ‘Ustedes tuvieron que saber, los superiores tuvieron que saber’, efectivamente, creo que de esta historia no se salva nadie”, confesó a Carmen Aristegui el vicario general de la Legión de Cristo desde 1992, Luis Garza Medina. Pero ¿el Vaticano lo sabía todo? Todo, y durante décadas.
El legionario de Cristo Juan José Vaca, el 26 de octubre de 1976, escribió una carta a Marcial Maciel para que concluyera con el abuso sexual al que lo sometía desde hacía muchos años. Esa misiva llegó a manos de la jerarquía de la Santa Sede, pero no hizo nada. A Vaca, quien fue parte de la congregación desde los 10 hasta los 29 años, lo trataron de traidor, difamador y mentiroso por haber acusado a Maciel de violador de niños. “Me sorprendió que Maciel me llamara tan noche. Nunca había entrado en su cuarto. ‘Siéntate aquí en la cama. ¡Ay! ¡Me duele mucho el estómago! Dame un masajito... Más abajo, más abajo’. Me puse tenso. Me hace tocarle el pene y noto su erección. ‘Frótamelo así’. Y me pone la mano encima y me hace que lo frote. Me quedé completamente congelado. ‘No lo sabes hacer, te voy a enseñar’. Entonces, a la vez que él está tratando de masturbarme, me está moviendo la mano y efectivamente noto que está húmedo. Tuvo su eyaculación. ‘Ya te puedes ir’, me dijo”, narró Juan José Vaca a Carmen Aristegui, quien le preguntó quién era para él Maciel: “Es el mayor impostor, criminal, amoral, narcisista maligno, pansexual que ha existido en la historia de la Iglesia católica”.
Nacido en Michoacán, México, el 10 de marzo de 1920, sobrino del obispo de Veracruz, Rafael Guízar –canonizado por Benedicto XVI–, este se encargó personalmente de su formación sacerdotal. En 1941 fundó la Legión de Cristo, que en 1946 recibió la bendición de Pío XII y en 1965 Pablo VI reconoció como una congregación católica. Maciel convirtió a la Legión de Cristo en una organización mundial con oficinas en 22 naciones. Hasta el año que pasó, sumaba tres obispos, 889 sacerdotes y 2.737 seminaristas. Maciel construyó un imperio económico basado en las contribuciones de fieles millonarios y en el control de 15 universidades, 43 institutos de estudios superiores y 175 escuelas.
En 1997 se hizo pública la carta que ocho ex integrantes de la Legión de Cristo despacharon a Juan Pablo II dándole cuenta de que Maciel había perpetrado abuso sexual contra ellos. La investigación le fue encargada al obispo Joseph Ratzinger. En el 2004, el Vaticano resuelve que Maciel abandone la dirección de la Legión Cristo. Sin embargo, en el 2006, cuando Ratzinger ya era el papa Benedicto XVI, dispuso cerrar la investigación bajo el argumento de que Maciel era demasiado viejo y le ordenó el retiro bajo penitencia. Todavía no se conocía toda la historia secreta del fundador de la Legión de Cristo. Maciel murió el 20 de enero del 2008. Su deceso, empero, no implicó la sepultura de su historia criminal.
En el 2009, The New York Times reveló que Maciel tenía una hija con una mujer a la que mantuvo oculta por décadas. Al año siguiente, la periodista Carmen Aristegui entrevistó a Blanca Estela Lara y a sus hijos Omar, Raúl y Cristian. Estos dos, según ella, eran fruto de una relación que inició con Maciel en los años 70, en Tijuana. Omar y Raúl, además, relataron que durante ocho años el hombre que se presentaba como su padre, pero que no sabían que se trataba de Marcial Maciel, los abusó sexualmente. “Él tenía 56 años (era 1976) y yo 19. Me dijo que era viudo y que andaba buscando una muchacha para casarse. Decía que se llamaba José Rivas y que era detective privado. ¡Puras mentiras! En 1997 (veinte años después), vi su fotografía en una revista. Era el padre Marcial Maciel”, contó Blanca Estela Lara. El primero de mayo del 2010, Benedicto XVI firmó un comunicado en el que denunciaba “los comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales del padre Maciel, confirmados por testimonios incontestables y que representan a veces auténticos delitos y revelan una vida carente de escrúpulos y de un verdadero sentimiento religioso”. En la práctica, el pronunciamiento operaba como un mandato de condena y expulsión. Pero el Papa perfiló a Maciel como un perpetrador solitario. Aristegui demuestra que no fue así. Los colaboradores del creador de la Legión de Cristo lo sabían. Y ellos han heredado el imperio de espanto de Maciel.