
Janeyri Boyer Carrera, PhD. Docente asociada de la PUCP. Expresidenta de Servir.
Luego de un riguroso proceso de selección, 20.000 jóvenes y más de 300 profesionales fueron, respectivamente, galardonados con Beca 18 y Beca Bicentenario. Sin embargo, Pronabec les informó que no había dinero. Las autoridades no presupuestaron la cobertura de estas becas para 2026.
Las becas son un tipo de subvención (disposición dineraria) a través de la cual el Estado usa el poder del gasto público y el necesario control (focalización, monitoreo y fiscalización de la ejecución) para potenciar el talento joven, sin que esta técnica de fomento del bienestar tenga un uso clientelista o fraudulento.
¿Por qué esto importa en un país como el nuestro? La educación pública de calidad y las subvenciones para estudios universitarios (Beca 18) y de posgrado (Beca Bicentenario) son el puente entre la pobreza y el desarrollo económico, entre pésimos servicios estatales y un país con oportunidades para todas las personas. Además, en la era de la información y de retos globales como el cambio climático, es indispensable que el Estado invierta en conocimiento y cuente con profesionales competitivos (echemos un vistazo a cuánto del PBI de los países de la OCDE se destina a este fin).
¿Es deber del Estado otorgar becas? No. Sin embargo, es más costoso no hacerlo. Pierde talento joven que carece de recursos económicos y lo condena a la exclusión junto con sus familias. Desperdicia posibilidades de desarrollo económico y social en el territorio, especialmente en zonas alejadas de las capitales de provincia. No obstante, todo esto, hemos sido testigos del desfinanciamiento de ambas becas, a pesar de que ya había ganadores con expedientes impresionantes. Jugar con las expectativas de quienes menos tienen es un cruel acto de desprecio.
Ahora bien, ¿cuál tendría que ser el retorno por semejante inversión que sale de nuestros bolsillos? Corresponde financiarlas con los incentivos correctos, como compromisos de servicio al país, conectando las becas con una política seria de atracción y retención de talento: (i) prácticas profesionales o acceso a los primeros niveles de la carrera pública; (ii) financiamiento de especialidades vinculadas con la innovación, prioridades de Estado o desafíos globales; (iii) pasantías con mentorías en ministerios y gobiernos regionales y locales; (iv) voluntariado sostenido en programas sociales. En suma, que los jóvenes vuelvan con una oportunidad de servir al país. Así, también, las entidades públicas tendrían la posibilidad de renovar progresivamente sus cuadros y la ciudadanía, la esperanza de mejores servicios. Todos ganamos.
Entonces, no se trata de recursos escasos ni de lanzar dinero al agua. Se trata de cuáles son las prioridades estatales que se revelan con las decisiones de gasto. ¿Por qué elegimos aviones de US$3.500 millones sobre nuestros jóvenes si no estamos en guerra? Se trata de voluntad política. Voluntad real de dar la pelea por aplanar la cancha, para que todas las personas podamos correr, en igualdad de condiciones, la misma carrera de la vida.

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