Conciente y por un momento desafiante, el camarada "Artemio" fue mostrado a la prensa por las autoridades, minutos después de su arribo a Lima, procedente de Tocache, donde fue capturado.
Pese a estar rodeado por militares, policías y del mismo ministro del Interior Daniel Lozada, el terrorista que era conducido en camilla, logró hasta dos veces levantar las manos que las tenía vendadas y lanzar dos palabras que los periodistas no pudieron oír debido a la distancia y a que también hacían sus preguntas a gritos.
En una rápida reacción, el ministro Lozada cubrió la boca del subversivo para evitar que siga arengando y le obligó a bajar la mano. Acto seguido movió la cabeza como indicándole que eso no era lo correcto (¿o lo acordado?), y de inmediato la camilla fue ingresada a la ambulancia del Hospital Central de la Policía Nacional que aguardaba al herido. Todo no duró ni cinco minutos.
El director general de la Policía Nacional, Raúl Salazar Salazar, visiblemente molesto, ordenó a sus subalternos tener un mayor control con la prensa en el Hospital de la Policía, a donde era trasladado al cabecilla senderista.
Seguramente para evitar otra temeraria actitud de "Artemio", el ministro Lozada pidió acompañarlo en la ambulancia hasta llegar a su destino, según una orden que recibió el oficial que dirigía la comitiva de resguardo.
"Artemio" arribó a la Dirección Nacional de la Policía Aérea (DIPA), en el Callao, siete horas después de su captura.
Llegó a bordo de un avión Antonov de placa 233. Tenía ambas manos vendadas, cabello bastante corto y vestía una bata de hospital. Apenas descendió de la nave, levantó la cabeza y dirigió su mirada a los periodistas que estaban apostados a cinco metros. Al parecer, solo esperaba un descuido de sus captores para actuar.
